
Tren que viene de frente en el túnel oscuro en el que nos encontramos, más bien. Así se siente la gente que se dedica al sector audiovisual desde hace un par de años, según las herramientas de generación de vídeo via IA (Runway, Google Veo) van ganando en calidad y consistencia.
A primera vista, y al contrario de lo que mucha gente pronostica, no nos parece que estas herramientas vayan a competir incluso a medio plazo con Hollywood tal como la conocemos: aparte de la reacción contraria (el «backslash») en gran parte de la sociedad contra el arte generado por IA, la industria del espectáculo se nutre de otra serie de valores que no son simplemente la perfección técnica: el glamour, la creatividad humana… Podríamos explayarnos, pero simplemente no creemos que la gente vaya a pagar 15 euros de entrada por ver algo generado íntegramente por la misma IA que la gente puede usar en su casa.
Sin embargo, eso no significa que estas herramientas no supongan un peligro para la industria audiovisual. Y no nos referimos tanto a las herramientas generalistas citadas arriba, sino a otras startups más especializadas que han aparecido en los últimos años, dedicadas a segmentos muy específicos del mundo corporativo. Por ejemplo, BestEver permite generar bodegones de producto a partir de imágenes estáticas, mientras que por su parte, HeyGen se ha orientado al mercado de los “bustos parlantes”: vídeos de “how-to” para productos, educación, etc.
Desde un punto de vista tecnológico es fácil de explicar: un vídeo de un busto parlante es relativamente fácil de realizar y tiene pocas variaciones, así que es fácil de generar para un ordenador. Además, es un mercado con potencial económico (hay demanda para el producto, en suma).
¿Suponen un problema?
A primera vista, sería fácil pensar que estas startups no van a competir con el audiovisual que nos gusta. Una cosa es grabar y editar un podcast para redes, o un bodegón de producto, y otra cosa es hacer “arte” para la gran pantalla o videoclips para Rosalía. Como se ha dicho arriba, es fácil para los partidarios de la IA defender que estos productos no tienen por qué suponer la muerte del cine como arte.

Solo hay un pequeño problema con esta visión, y es…
¿De qué vamos a comer mientras esperamos a que aparezca el «arte»?
El arte, reconozcámoslo, es escaso. La mayoría de los proyectos a los que se dedica el profesional audiovisual en el día a día son alimenticios. Y esto no es menospreciarlos: el artista tiene que comer, y lo más importante: tiene que practicar todos los días.
El error que cometen muchos profanos en las profesiones creativas es pensar en el artista como alguien tocado por la mano de Dios, que se levanta un día de la cama y crea. Lo cierto es que el audiovisual, como todo, es un oficio que lleva años de aprendizaje y práctica. Son incontables los directores y operadores que pasaron sus años de juventud rodando vídeos corporativos e industriales antes de poder levantar sus proyectos (el propio Christopher Nolan, sin ir más lejos).
Y tampoco olvidemos todo lo que hay detrás del director que hace su creación posible. Como arte tecnológico que es, el cine necesita toda una infraestructura detrás tanto industrial como humana: detrás de cada “genio” dando entrevistas hay cientos (o miles) de profesionales que tienen que pasar años formándose y tienen que comer todos los días, no cada dos años cuando Marvel haga una película. Y no solo eso: están también las compañías que fabrican los aparatos que hacen ese arte posible: cámaras, iluminación, equipos de montaje…
Una vez que la IA automatice ese mercado y haga desaparecer esos puestos de trabajo, ¿de dónde van a salir los artistas? Y lo que es más, ¿cómo se va a mantener el entramado industrial que permite a esos artistas crear?
(Recordemos, por cierto, que la propia Arri, la legendaria fabricante alemana de cámaras y luces, ha cerrado recientemente dos fábricas y despedido a 150 personas, entre rumores sobre el abandono de algunas de sus líneas de producto).
Es inevitable pensar que, por mucho que se hable de coexistencia y de libertad creativa, en unas décadas será imposible incluso para quienes quieran hacerlo rodar una película o vídeo en el mundo real, por pura falta de medios materiales.
Serrando la rama en la que estamos sentados
En Estados Unidos existe una expresión popular, “Sawing off the branch you’re sitting on”: “aserrando la rama en la que estamos sentados”. Es inevitable pensar que, al menospreciar este sector menos glamouroso de la industria, el audiovisual se este pegando un tiro en el pie.



